Fiscalidad para influencers: de las redes a Hacienda antes de que lleguen los problemas
Conseguir la primera colaboración pagada es un momento importante para cualquier creador de contenido. Una marca propone una campaña, llega un ingreso por una plataforma o una cuenta de Instagram empieza a generar oportunidades comerciales. El problema es que, mientras la actividad digital avanza muy rápido, las obligaciones fiscales suelen quedarse para después.
Muchos creadores piensan que Hacienda es una preocupación reservada para quien tiene cientos de miles de seguidores o factura grandes cantidades. No funciona así. Cuando una actividad empieza a generar ingresos de manera profesional, conviene ordenar desde el principio su situación fiscal y administrativa.
Uno de los primeros pasos es comunicar a Hacienda el inicio de la actividad mediante el correspondiente alta censal, actualmente a través del modelo 036, indicando qué actividad se desarrolla y cuáles son las obligaciones tributarias asociadas. No se trata simplemente de rellenar un formulario: una clasificación incorrecta puede acabar afectando a la forma de facturar o a las declaraciones que deberán presentarse posteriormente.
También hay que aprender algo que rara vez explican las redes sociales: cobrar una colaboración no es lo mismo que recibir una transferencia entre particulares. Cuando un influencer presta un servicio publicitario, crea contenido para una empresa o realiza una colaboración remunerada, normalmente tendrá que documentar esa operación mediante una factura.
Una factura debe estar correctamente numerada e identificar tanto al creador como al cliente, describir el servicio realizado y reflejar los impuestos que correspondan. Y aquí empiezan algunos de los matices. No es igual facturar a una empresa española que trabajar para una plataforma o una marca situada en otro país. El tratamiento del IVA, por ejemplo, puede variar según quién recibe el servicio y dónde está establecido.
Algo parecido sucede con las retenciones del IRPF. Cuando los ingresos tienen la consideración de rendimientos de una actividad profesional y procede practicar retención, el porcentaje general es del 15 %, aunque determinados profesionales que empiezan una actividad pueden aplicar el 7 % durante el año de inicio y los dos siguientes. Sin embargo, no todas las facturas de un creador llevan necesariamente retención: depende, entre otras cuestiones, del tipo de actividad y del pagador.
Por eso improvisar cada factura copiando una plantilla encontrada en Internet puede ser una mala idea.
Por qué la fiscalidad para influencers necesita seguimiento desde la primera colaboración
El trabajo administrativo tampoco termina cuando se envía una factura. Durante el año pueden existir declaraciones periódicas relacionadas con el IVA o con los pagos a cuenta del IRPF.
El modelo 303 se utiliza para las autoliquidaciones de IVA cuando existe obligación de presentarlo. En cuanto al IRPF, determinados profesionales deben realizar pagos fraccionados mediante el modelo 130. Sin embargo, existe una excepción relevante: quienes desarrollan actividades profesionales pueden quedar exentos de estos pagos fraccionados cuando al menos el 70 % de sus ingresos están sometidos a retención, aplicándose reglas específicas durante el inicio de la actividad.
Estas diferencias explican por qué dos creadores que aparentemente realizan un trabajo parecido pueden tener obligaciones distintas.
A ello se suma la necesidad de conservar facturas, controlar gastos vinculados a la actividad y mantener organizada la documentación. Un ordenador, una cámara, determinadas herramientas digitales, servicios profesionales o gastos relacionados con la producción de contenido pueden tener implicaciones fiscales, pero no basta con haberlos pagado para considerarlos automáticamente deducibles. Deben cumplir los requisitos correspondientes y estar correctamente justificados.
También debe revisarse la situación ante la Seguridad Social cuando la actividad desarrollada encaja en el trabajo por cuenta propia. Dejar esta cuestión para cuando los ingresos sean “suficientemente grandes” puede significar descubrir demasiado tarde que las obligaciones habían comenzado antes.
El verdadero problema, por tanto, no suele ser empezar a ganar dinero en Internet. Es hacerlo sin saber qué documentación guardar, cómo emitir una factura o qué declaraciones corresponden.
Para un profesional que puede grabar hoy desde Madrid, editar mañana desde Barcelona y cerrar una colaboración con una empresa extranjera desde cualquier otro lugar, desplazarse continuamente a un despacho tampoco parece la opción más lógica. Las Asesorías Online permiten trasladar esa misma flexibilidad al ámbito fiscal y administrativo, manteniendo un contacto profesional sin depender de dónde esté trabajando el creador.
Además, contar desde el principio con un buen asesoramiento contable ayuda a ordenar ingresos, gastos y documentación antes de que el volumen de operaciones convierta una pequeña desorganización en un problema mucho mayor.
La profesionalización de un influencer no empieza cuando alcanza una determinada cifra de seguidores. La fiscalidad para influencers empieza cuando su contenido se convierte en una actividad económica. Organizar ese paso desde la primera colaboración permite dedicar más tiempo a crear, negociar campañas y hacer crecer la comunidad, y menos a intentar reconstruir meses después qué se cobró, qué se facturó y qué había que haber declarado.




